sábado, 1 de marzo de 2008

EL WATER DE LOS MARTÍNEZ

Lo que voy a contar es una historia real de la vida de CITESA que ocurría en el edifico del Paseo de Martirícos. A los que no la vivieron les parecerá increíble y el resto, los que sí la conocimos, nos sorprenderá que se pudiese dar esa situación y que se aceptase como la cosa más normal del mundo.

Los servicios de caballeros de las oficinas de las ingenierías eran como todos los servicios destinados a una colectivo de individuos varones: sus lavabos, su batería de urinarios y los apartados de los retretes cuyas puertas, tipo “tres cuartos” que no llegan al suelo ni al techo, se cerraban por dentro con pestillo. Pero en CITESA uno de los retretes tenía una puerta que cerraba completamente el apartado y que se tenía que abrir con llave. Los poseedores de esa llave eran los jefes de departamento.

La situación era ridículamente clasista, pero lo mejor fue el nombre que el ingenio malagueño puso a tal situación.

A la sazón había un programa de entrevistas en la sobremesa en Televisión Española, “La casa de los Martínez”, en el que se representaba un hogar de clase media, y varios presentadores y actores hacían de miembros de la familia (recuerdo a Florinda Chico y a Rafaela Aparicio haciendo de chachas de la casa). Cada día un famoso visitaba la casa, lo invitaban a un cafetito y le hacían la entrevista. Al final, como prueba de hospitalidad, la familia le daban al visitante famoso “la llave de la casa de los Martínez”; algo así como decirle: “ésta es su casa, puede venir cuando quiera”.

En aquél tiempo, el Jefe de Ingeniería de CITESA era Lorenzo Martínez que, naturalmente, era uno de los poseedores de copia de la llave del retrete elitista. El chiste estaba servido en bandeja: a la llave en cuestión se la conocía por “la llave del water de los Martínez”.

Como he dicho, los poseedores de derecho de la llave eran los jefes de departamento, que acabaron dando una copia a sus colaboradores de confianza, quienes hicieron lo propio con los suyos. Nunca llegué a saber el criterio para tener derecho a tal privilegio. En mi caso concreto, adquirí la categoría escatológica de “Martínez” cuando empecé a tener ciertas responsabilidades en proyectos; creo que fue Pepe Estrada el que me dio el distintivo de ese club de élite.

Años más tarde, cuando Ingeniería de Desarrollo se instaló en los locales del antiguo comedor, el Jefe de Ingeniería de entonces, Carlos Fernández Parra, intentó hacer también un retrete reservado. Pero los tiempos ya habían cambiado y Paco Gil Burgos, Director General, ante las presiones del resto de directores de departamentos, suprimió ese retrete. La igualdad debe empezar por las necesidades básicas.

2 comentarios:

Jose Maria dijo...

Jose Luis, la parte final de tu anecdota no es totalmente correcta.
Cuando se rreglo "Torremolinos"(Agosto 1988), unos pocos dias antes de la vuelta de vacaciones, yo estaba revisando las obras con Adolfo Herranz y Manolo Perez. Observé que habia una puerta que no figuraba en el "lay-out" original. Pregunté que funcion tenia la puerta. Manolo, con su simpático acento, dijo "un servisio, me lo han pedido". Le pedí que lo anulase y no hubo ninguna presion de ningun jefe de departamento. Paco Gil Burgos se entero, por mi, a posteriori y me apoyo totalmente.
jose maria

Jose Maria dijo...

Jose Luis, la parte final de tu anecdota no es totalmente correcta.
Cuando se rreglo "Torremolinos"(Agosto 1988), unos pocos dias antes de la vuelta de vacaciones, yo estaba revisando las obras con Adolfo Herranz y Manolo Perez. Observé que habia una puerta que no figuraba en el "lay-out" original. Pregunté que funcion tenia la puerta. Manolo, con su simpático acento, dijo "un servisio, me lo han pedido". Le pedí que lo anulase y no hubo ninguna presion de ningun jefe de departamento. Paco Gil Burgos se entero, por mi, a posteriori y me apoyo totalmente.
jose maria