martes, 18 de noviembre de 2008

TRECE PARÁBOLAS PARA UN CONFLICTO. 3, 4 Y 5

Os pido perdón por el retraso, pero me encontré con otras prioridades más acuciantes. Además la semana que viene no podré acudir al Blog, por motivos que probablemente os cuente en otra ocasión. Así que he decidido incluir tres parábolas: La número 3 se llama "Parábola de los dos clientes" y trata del conflicto, que ya apareció en el Evangelio, de que no se puede servir a dos señores. La número 4 tiene el título de "Parábola del carro y los 24 caballos" y alude a un hecho evidente (aunque pocos gestores lo comprenden) : Cuantos menos caballos tienes más difícil es tirar del carro. La 5 tiene el nombre de "Parábola de los dos hombres ricos" y en este caso se ve como uno de los dos ricos dilapida su tesoro, al que podrámos llamar "Knowledge" o sea "Saber tecnológico".
Trece Parábolas para un conflicto. P 3.
Trece Parábolas para un conflicto. P 4.
Trece Parábolas para un conflicto. P 5.

lunes, 3 de noviembre de 2008

TRECE PARÁBOLAS PARA UN CONFLICTO. 2

Esta semana les voy a incluir la segunda parábola: "PARÁBOLA DE LOS TRES CONDUCTORES". Frente a un conflicto como el que nos enfrentó en el 2003, esta prábola insiste en el valor de la cooperación, pero, en una empresa jerárquica, esta cooperación debe ser estimulada por sus dirigentes.
PARÁBOLA DE LOS TRES CONDUCTORES.

lunes, 27 de octubre de 2008

TRECE PARÁBOLAS PARA UN CONFLICTO

Quiero presentar aquí una pequeña colección de relatos titulada "TRECE PARÁBOLAS PARA UN CONFLICTO " que escribí en marzo del 2003, cuando tuvo lugar la huelga provocada por la anunciada reestructuración de Thomson. En aquel momento no me atreví a publicarla, aunque el concepto de parábola deja mucho lugar para la interpretación. Creo que son divertidas y que reflejan, en mi opinión, ahora prácticamente confirmada, lo que fue una decisión suicida de la dirección (de Thomson, no de la dirección local) y una huelga no menos suicida. Espero que el tiempo haya limado las asperezas y que estos relatos no provoquen susceptibilidades. Para animar el blog voy a publicar las 13 parábolas separadamente, a una por semana, y empezaré por el prefacio, el índice y la primera parábola titulada " PARÁBOLA DEL GRANJERO Y SUS TRES VACAS"
TRECE PARÁBOLAS PARA UN CONFLICTO. PREFACIO, ÍNDICE Y PARÁBOLA 1.

jueves, 18 de septiembre de 2008

La exportación a Japón.

Durante una reunión de Product Line Managers en Berlín en noviembre de 1981, me enteré, en una conversación casual con Keijiro Sato, presidente de ITT Japan, de la posibilidad de entrar en el mercado de Japón, debido a que las autoridades japonesas estaban deseosas de importar productos europeos y americanos con objeto de destruir la mala imagen de Japón en los mercados exteriores, como un país que exporta pero pone trabas a la importación.
A mi vuelta hablé con el Director General de CITESA (Manuel Vidal) y decidimos intentarlo. Para conseguir más información enviamos al Ingeniero de Ventas, José Jarque, a Japón. Después de una corta visita, en la que obtuvo la ayuda de la oficina de la multinacional en Tokio, Jarque informó que la obtención de las aprobaciones necesarias en cuanto a homologación de los productos no parecía muy difícil. Había conseguido las especificaciones japonesas en inglés, e incluso había contactado con un posible distribuidor (SUN).
I+D estudió las especificaciones y se realizaron pruebas y modelos, que pasaron los test necesarios sin dificultad. Se realizaron pruebas en STL, que también resultaron positivas. Mientras tanto Marketing estaba en contacto con el distribuidor, habiendo llegado a un acuerdo de principio, en lo referente a cantidades, precios, garantías, etc.
Jarque volvió a Tokio para concretar algunos puntos, por ejemplo, ciertas características del modelo que podían ser adaptadas a los gustos del cliente, cumpliendo las normas en todo caso, y también para conseguir compromisos de compra por parte del distribuidor. Volvió con ambas cosas: las características deseadas por el distribuidor como más idóneas para el mercado japonés, y un pedido para los primeros seis meses. También fijó el precio de venta al distribuidor.
Se prepararon muestras e información para la homologación y se enviaron a Japón, donde la oficina de la multinacional, con la cooperación del distribuidor realizó las gestiones administrativas necesarias. La homologación se obtuvo en un tiempo record, siendo CITESA la primera empresa extranjera que entró en el mercado japonés con aparatos telefónicos.
A su debido tiempo, y según el programa se realizaron los primeros envíos. Todo fué perfectamente durante un año. Mientras tanto otros competidores consiguieron la homologación, y comenzaron a entrar en el mercado. Debido a mejoras tecnológicas y curva de experiencia el coste del producto, que también se vendía en otros mercados (Australia, Suecia, EEUU) sufrió una bajada importante.
Al discutir los volúmenes y precios para el año siguiente, en el curso de una visita del distribuidor a las oficinas de CITESA, pidió algunos cambios de características en el modelo. Especialmente indicó que el ajuste del timbre debería ser cambiado. Como no estaba seguro del cambio requerido pidió una visita de Jarque al Japón para hablar con sus técnicos. Durante dicha visita se concretaron los cambios. Se realizaron en I+D y se incorporaron a la producción con mucha facilidad, pues consistían en una manera diferente de ajuste, sin cambios en piezas ni componentes.
Comenzaron los envíos y pocas semanas después se recibió un telex del distribuidor diciendo que el producto no estaba de acuerdo con lo pactado, ya que el timbre no funcionaba según especificación. También decía que no se explicaba el error ya que era fácil de arreglar por medio de un ajuste, que sus técnicos habían realizado en Japón.
Solicitamos muestras del producto reajustado y, al recibirlas, se comprobó que todo era debido a un malentendido, provocado, casi con seguridad, por el uso por ambos interlocutores de un idioma (el inglés) distinto del suyo. En otras palabras al especificar los japoneses habían querido decir algo distinto a lo que Jarque les había entendido, pues cada uno daba a la palabra inglesa utilizada (buzzer) un significado distinto.
El problema era que había en Japón una gran cantidad (40.000) de productos con el ajuste erróneo. Enviarlos de vuelta a España significaba un coste tremendo, tanto en dinero como en tiempo. Así que se propuso al distribuidor que los reajustase en Japón, cargando los costes a CITESA. No se quiso discutir de quién era la responsabilidad, ya que, estimado el coste de la reparación por la Ingeniería Industrial de CITESA, resultó ser de menos de 1$ por unidad, contando con todas las operaciones necesarias (desempaquetado, apertura, reajuste, cierre, prueba, empaquetado). Se consideró más importante mantener la imagen frente al distribuidor.
La sorpresa llegó cuando, varios meses después se recibió la factura de cargo, por valor de cerca de $ 400.000. Inmediatamente se contestó por telex pidiendo aclaraciones e información de como habían llegado a dicha cifra. Al recibir la información se descubrió que para la operación de ajuste habían estimado los técnicos japoneses un tiempo cerca de diez veces mayor que los españoles.
En esos momentos había más problemas. Las ventas habían bajado debido a la presión de la competencia, y CITESA quería mantener sus ventas en Japón a toda costa. Los costes seguían bajando, por lo que el Director General era partidario de reducir el precio, manteniendo el margen. Concretamente, proponía una reducción de $2 por unidad (el coste había disminuído $2). Las ventas en unidades presupuestadas para el año siguiente eran de 40.000 unidades, con un precio unitario de $35.
El Director General decidió que Jarque y yo fuéramos a Tokio para solventar ambos problemas. Fuimos en mayo de 1984.
Al reunirnos con SUN les presentamos los cálculos de nuestra Ingeniería Industrial y les pedimos que nos enseñaran los suyos. Dijeron que su ingeniería estaba en Osaka, y para consultarles necesitaban tiempo, así que nos citaron para el día siguiente a las nueve de la mañana. Esa misma tarde nos llamaron al hotel pidiendo aplazar la reunión un día más. Cuando por fin nos reunimos, empezaron a pedir disculpas y a asegurarnos que todo se debía a un error de una secretaria al mecanografíar los cálculos de su ingeniería. Según ellos había corrido la coma decimal un lugar a la derecha, multiplicando por diez el tiempo necesario para el ajuste. No exagero si digo que se pasaron cerca de dos horas pidiendo disculpas. (Vamos que no se hicieron el harakiri de milagro). Con los nuevos datos su cálculo y el nuestro eran, prácticamente, idénticos. En resumen que lo que teníamos que pagar eran unos $40.000.
Entonces les conté un cuento “chino” (o japonés). Les dije que sacar de España las divisas necesarias era muy complicado (algo de verdad había), así que le propuse que el pago se realizara mediante un descuento de $1 en cada aparato de los siguientes 40.000, manteniendo el precio existente. Así no sólo mantenía el precio sino que, además, aseguraba la venta de 40.000 aparatos. Como les cogí con la moral baja, aceptaron a la primera. Esa noche nos invitaron a su club, como es normal en Japón, y nos pusimos hasta el gorro de whisky. Bien está lo que bien acaba.
No me resisto a contar una anécdota de nuestras relaciones con SUN, que ilustra sobre la sociedad japonesa. Un día me llamaron del Departamento de Ventas de Citesa Madrid para decirme que el Director de Marketing de SUN quería entrevistarse con nosotros, pero que le venía muy mal venir a Málaga, por problemas de vuelos, así que me pedía que fuera yo a Madrid. Naturalmente dije que sí. Pero a los pocos días me volvieron a llamar, diciendo que Yamanishi (el Director de Marketing de SUN) había llamado por teléfono cancelando el viaje. El citado Yamanishi, de unos 38 años, era hijo del dueño de SUN, pero no por eso tenía privilegios. Reportaba al Director de SUN en Tokio (un individuo muy representativo del antiguo carácter japonés: autoritario, chauvinista y machista). SUN tenía la central en Osaka y en Tokio una oficina. Como teníamos que hablar con SUN y Yamanishi no venía decidimos ir nosotros a Tokio. Una vez allí, mientras tomábamos unas copas en su club Yamanishi me dijo: “Le extrañaría que cancelase mi viaje a España”. “Así es” le respondí. Y me lo explicó. Tenía pensado salir de viaje hacia Europa un viernes. El jueves de la semana anterior al viaje, le llamó su padre desde Osaka y le citó en su oficina para el día siguiente. Al llegar pasó al despacho de su padre, quién abrió un cajón de su mesa, sacó una foto, y se la dió mientras le decía: “El viernes que viene te casas con esta señorita”.
Al acabar Yamanishi me dijo:”Supongo que a usted le extrañará esta situación, pero es la costumbre japonesa, los padres deciden con quién te casas”.
Creo que las cosas están cambiendo, pero Japón es otro mundo.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Cómo se originó la exportación a Australia

En varias ocasiones Rafael Vertedor me ha pedido que cuente cómo se inició la exportación a Australia. He tardado más de lo previsto porque entre Rafael y yo tenemos un ligero desacuerdo sobre en que año se inició dicha exportación. Rafael opina que fue en 1981, mientras que yo creo que fue en 1982. Las razones que tengo para pensar así son las siguientes: Mi primer viaje a Australia lo realicé entre el 22 y el 31 de octubre de 1981, y no hay duda de ello ya que conservo el pasaporte con los sellos de inmigración australianos. El motivo de dicho viaje era negociar con Australian Telecomm la venta del Góndola. Estuve en Sydney y en Melbourne. También conservo referencia de mis viajes en esos años, que confirma lo dicho. En todo caso si alguien dispone de más datos agradecería que me los enviase o los incluyese en el blog.
Según mis recuerdos, en una reunión mantenida en STL (Harlow), el día 14 de julio de 1981, a la que asistió un representante de Standard Telephones & Cables de Sydney, éste comentó que Australian Telecomm estaba interesada en adquirir teléfonos del tipo Trendline, o sea Góndola. Informé de ello a nuestro Director General (Manuel Vidal). Una vez pasado el mes de Agosto iniciamos contactos con STC Sydney y con ITTE e ITTNY, ya que el teléfono podía fabricarse tanto en Málaga como en Corinth (Mississippi). Se consiguió que se asignara la fabricación a Málaga y se decidió que me fuera a Sydney para negociar con Australian Telecomm. El obtener el visado llevó algún tiempo y por fin realicé el viaje el 22 de octubre. Volé de Málaga a Londres con Iberia y allí enlacé con un vuelo de Qantas, que me llevó a Sydney, con escalas en un emirato del Golfo (no recuerdo cual), y Singapur. En total 34 horas de viaje. Tuve la precaución de salir de España el 22 de octubre, jueves. Así llegaba a Sydney el 24, sábado (hay que considerar el desfase horario de 8 horas) y tenía todo el fin de semana para recuperarme del jet-lag. Como ya he comentado tuvimos reuniones con Australian Telecomm tanto en Sydney como en Melbourne. Se consiguió el pedido y las entregas comenzaron en 1982. Posteriormente hubo algunos problemas de calidad.
Por ejemplo, Juan Carlos Prieto me recuerda la contaminación de la granalla de carbón con el aceite de las prensas hidráulicas que cerraban los electrodos. El ambiente estaba “aceitoso” y en el momento de fabricarlas los valores eran correctos. Con el tiempo el aceite apelmazaba el carbón y caía la eficacia. Era un problema temporizado. La solución fue hacer un “taller limpio” con prensas neumáticas que no generaban el problema. Si se hubieran renovado y mantenido de forma adecuada las prensas, se habría evitado la pequeña catástrofe que nos obligó a Juan Carlos y a mí a ir a Sydney el 23 de abril de 1983. En esta visita nosotros creíamos que nos iban a echar la bronca por el problema de calidad, y resultó que nos la echaron por los retrasos en las entregas. No fue una visita cómoda ni fácil, lo pasamos mal, y para redondear la broma el penúltimo día de estancia me caí y me rompí dos costillas y me fracturé otra. Pero entonces no lo sabía, así que nos fuimos a Tokio. Dos meses después, continuaban los dolores así que fui a clínica en Citesa y el médico me miró por rayos X y me mandó a la Mutua, donde descubrieron las roturas, pero me dijeron que a esas alturas ya no había que hacer nada.
También hubo problemas por suciedad en los entrehierros del timbre, y mala acomodación de los cablecillos de conexión que se salían entre el bastidor y la base. Para resolver el problema se desplazó Rafael Vertedor, que hizo una gran labor.
Hubo un problema de electricidad estática que afectó a un CMOS de marcación. Naturalmente todos los aparatos se inspeccionaban antes de ser enviados, pero al llegar a Australia algunos no marcaban. Se comprobó que el problema estaba en un CMOS de marcación que llegaba destruido. El problema se estudió en Sydney, Harlow (STL), Málaga y en los laboratorios del fabricante de CMOS (ITT Intermetall, Friburgo). Finalmente, en Málaga, José Antonio Maestre descubrió la razón. Sencillamente, una de las operarias de Calidad al comprobar algunos aparatos, sacaba el plástico que protegía el microteléfono de modo rápido, lo que originaba una descarga de electricidad estática que dañaba el circuito. Según me dice Rafael Vertedor en STC quedaron muy impresionados con la eficacia de la intervención de Maestre.
También recuerdo que desde STC Sydney enviaron a un inspector, que era chileno, y pasó algún tiempo en Málaga.
Se dejó de exportar porque por entonces empezaron a fabricar copias del Góndola en Taiwan y Hong Kong, con muy mala calidad pero a precios bajísimos. Con el tiempo mejoraron la calidad y mantuvieron los bajos precios...y adiós nuestra exportación. Yo creo que los problemas de calidad no influyeron ya que en todos los casos reaccionamos correctamente.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

LOS ORDENADORES Y CITESA

Hace algún tiempo que, exprimidos los recuerdos de mi paso por Citesa- al menos, así lo creía-, abandoné este blog y creé otro, con mi propio nombre, donde seguir escribiendo y opinando sobre un escenario, más amplio y variopinto, por el que me he ido desenvolviendo, a lo largo de todos estos años.
Pero, una etapa, tan larga y determinante, es difícil de obviar; sobre todo, cuando, cualquier episodio, del que quieres escribir o hablar, te lleva a ella, porque, con ella, estuvo relacionada.
En este momento, cuando estoy sentado frente a la pantalla de un ordenador, con el que paso-ahora, como antes- una buena parte de mi tiempo, he querido escribir sobre mis comienzos, en la informática (siempre como usuario) y, ello, me ha llevado, de forma inexorable, a retroceder varios años y reencontrarme con Citesa.
En la fábrica había- sobre eso, ya se ha escrito en este blog- un departamento de informática, que dirigió Florentino Martínez Roces. Pero, ése, era un mundo, cerrado para los demás; una especie de santuario inaccesible para los profanos, pero que controlaba numerosos aspectos de la fábrica, mediante el hardware y software que los sistemas de IBM producían. La participación de los demás se limitaba al acceso a sus informes, que nos llegaban en copiosos listados de papel y, otras veces, a través de las terminales (no inteligentes), que se distribuían por las oficinas.
El comienzo de la “otra informática” se produjo con la llegada de un primer ordenador personal, que compró Pepe Ranea, y que calló en mis manos, por circunstancias, de las que ya he escrito en otra entrada de este blog. Por eso, puedo considerarme, hasta cierto punto, pionero del uso, en Citesa, de los ordenadores.
No era, ni siquiera, lo que, después, conocimos como PC ´s, sino un Commodore, con doble disquetera y cuyo sistema operativo, integrado en la memoria ROM, apenas permitía programar en BASIC y utilizar una primitiva hoja de cálculo (Visi Calc), además de algunos juegos.
Yo aprendí a utilizar el Basic – naturalmente, ahora no sabría hacerlo- y, su hoja de cálculo, para llevar el control de ciertos parámetros y confeccionar la presentación de resultados en las reuniones de la dirección.
Trasladé mi incipiente afición a mi casa, mediante la compra de un Commodore 64, que utilizaba, como únicos periféricos, en mi caso, una unidad de casete y la pantalla de mi propio televisor.
Más tarde, en Citesa, aparecieron los primeros PC´s, comercializados por ITT y fabricados en algún país asiático. Y. yo, aprovechando una oferta para los empleados, me compré uno, con el que sustituí a mi Commdore.
Eran, todavía, ordenadores muy rudimentarios- los 386 o, tal vez, anteriores- con pantalla monocroma, que usaban el MS2 y, donde, su memoria RAM y la capacidad del disco duro, apenas se medían por megas.
Con ellos, aparecieron nuevos paquetes de software: el Lotus, como hoja de cálculo; el Word Star (posteriormente, el Word Perfect), para el proceso de textos y el Dbase, como base de batos.
El uso de estos ordenadores, todavía rudimentarios, sin Microsoft ni Internet, consiguió, a pesar de todo imponerse y extenderse por la fábrica. Y, la Informática, dejó de ser algo misterioso y casi tabú.
Hoy, que sigo con un ordenador, la nueva tecnología me ha permitido, asomarme al mundo, a través de Internet y, entre cosas, reencontrarme viejos amigos y compañeros.
Esta pequeña historia de mis comienzos “informáticos”, quizás, no estaban destinada a este espacio. Pero, mientras la iba escribiendo, me ha ido llevando hasta el único sitio, donde tenía que ser ubicada y que no podía ser otro que este blog.

viernes, 29 de agosto de 2008

CITESA, UNA COMPAÑÍA MUY "VIAJERA"

Hace un mes aproximadamente, a finales de Julio, la que había sido la última secretaria de dirección de CITESA, Lola Cantueso, y, por tanto, mi secretaria desde que asumí la Dirección General de la empresa heredera de CITESA, primero Atlinks España los años 2001 y 2002 y posteriormente Thomson Telecom desde 2003 hasta que dejé la Compañía en 2006, fue “reestructurada”, o sea, despedida en castellano. Hay que ver los eufemismos que utilizamos en el ambiente laboral, (restructuración, reciclaje), para acallar nuestra conciencia y no llamar a las cosas por su nombre en castellano.

Pues bien, Lola, ha dejado la Compañía tras veinticinco años de servicio y ha tenido el detalle de enviarme las hojas de liquidaciones de mis gastos de viaje de los treinta y tantos años que he estado en CITESA Standard Atlinks Thomson. Eran dos carpetas de lomo ancho que estaban arrumbadas en los armarios del archivo de Dirección. Archivo que, como todos los archivos de papel de los departamentos, se había convertido en archivo “de bajo movimiento” desde la aparición de la informática y la práctica exclusividad del soporte electrónico para los documentos.

Aparte del ataque de nostalgia que me embargó y que os podéis imaginar, por redescubrir de repente sitios en los que había estado y que había olvidado totalmente y por poder reconstruir trozos de la historia de la Compañía a través de esos viajes, aproveché mi menor dedicación profesional actual para, con el espíritu de hacer balances que nos entra a partir de ciertas edades, dedicar una tarde a revisar esas carpetas que contenían una parte sustancial de mi vida profesional, es decir, de mi vida, y sacar algunas estadísticas.

Me he quedado asombrado. Resulta que he hecho 652 viajes en 33 años. Cuento como un viaje cada vez que salgo de Málaga, aún cuando en multitud de ocasiones, estos viajes han tenido dos y hasta cuatro destinos, antes de regresar a Málaga.

La ciudad que más he visitado ha sido París, en 152 ocasiones, seguida de Estrasburgo, 33 veces. He estado en China, contando las dos Chinas, la Popular y la Nacionalista, o sea, Taiwán, más de treinta veces. Finalmente, en el año que más viajes profesionales he realizado ha sido en 2003, que salí de Málaga en 53 ocasiones.

Ya desde los inicios, CITESA era una compañía muy “viajera”. Entonces pertenecía al Grupo ITT, iniciales de International Telephone and Telegraph, pero que precisamente por los frecuentes viajes de sus directivos para reuniones, decían que significaban International Talking and Travelling; y cuando se hablaba de su división europea, IITE, la E por Europe, se le añadía al “Talking and Travelling” el “Eating”. En mis primeros años en CITESA, las personas que hacían viajes internacionales con cierta recurrencia se reducían casi exclusivamente al personal técnico/producto (entonces eso de Marketing no existía) y que en los primeros años de la Compañía era casi una sola persona: Lorenzo Martínez, a los directores que periódicamente tenían que presentar resultados y planes en Bruselas y al personal de Calidad relacionado con algún envío a países foráneos (muchas de la veces, envíos problemáticos). La frecuencia de viajes internacionales de las personas de la Ingeniería de Desarrollo era debida a la dependencia que tenía ese departamento de las direcciones técnicas de ITT sitas en Bruselas y Nueva York que, entre otras muchas reuniones, tenían establecidas unas de Jefes de Ingeniería de las diversas subsidiarias del grupo en las distintas sedes de forma más o menos rotatoria. Sin duda Lorenzo Martínez, que era el principal “beneficiario” de estos viajes, podría elaborar mucho más sobre este punto, y hasta corregirme, con esa portentosa memoria para las cosas “inútiles” (en apreciación de José María Reyes) que tiene.

El personal de las áreas industriales tardó en viajar con frecuencia al extranjero, quizás porque la coordinación internacional industrial era llevada a cabo desde Ramírez de Prado. Después, como todos, también se han "jartao".

La verdad es que en el aspecto de los viajes, la Compañía no me engañó. Recuerdo que en la entrevista de entrada una de las pocas cosas por las que se interesó Lorenzo Martínez fue si estaba dispuesto a viajar. No me preguntó si hablaba inglés (preguntar por ello en el año 73 era perder el tiempo). Además tenía la experiencia previa de Maestre y García Lopera que se habían ido a Londres con una mano delante y otra detrás, lingüísticamente hablando y que sobrevivieron y con éxito. No habían pasado ocho semanas cuando partía para Stuttugart para varios meses como experto (?) en diseño de aparatos telefónicos, con una semana de inmersión en inglés en Inlingua.

En estos más de treinta años desde entonces, la forma de viajar ha ido variando drásticamente. En aquellos primeros años, siempre se llegaba al destino el día anterior, con tiempo para dar un paseo por la ciudad en cuestión y cenar tranquilamente en algún restaurante típico, con cuidado con lo que se comía para no tener problemas luego con el interventor de turno, que, aunque acababa “pasando” el voucher, parecía que disfrutaba haciendo sufrir al comensal con los “excesos fuera de norma” que había cometido, sobre todo si era pipiolo. Posteriormente, a medida que los viajes se tornaban más frecuentes, iban tomando un carácter utilitario al mismo ritmo que se aceleraba la actividad profesional, de forma que se procuraba aprovechar el día de trabajo en Málaga y partir de viaje por la tarde. Ello, además, facilitado por el mayor número de rutas aéreas y frecuencia de vuelos.

También se solía extender la estancia un día para hacer turismo, sobretodo si la ciudad visitada era atractiva o nueva para el viajante. Por el contrario, últimamente, quiero decir desde hace más de diez años para acá, si se terminaba el motivo del viaje con antelación, indefectiblemente se intentaba gestionar un cambio de billete por otro más temprano.

Tengo que recordar un viaje a Sao Paulo, en 2003 junto a Rafael Vertedor ya en época de Atlinks, en el que visitamos Telefónica tratando de venderles teléfonos públicos. Pusimos mucho interés en la visita, forzando a Telefónica a que nos recibiera. Cuando terminamos la reunión y les dijimos que volvíamos a España esa misma tarde, no se lo creían. Y es que el Carnaval empezaba al día siguiente. Los “telefónicos” pensaban que nuestro interés en reunirnos era una excusa para pasar unos días bailando samba.

Hasta en tres ocasiones he tenido que simultanear mi puesto en Málaga con responsabilidades de dirección a nivel corporativo. Todas las veces me han propuesto que dejase Málaga y me incorporase en exclusividad al puesto corporativo, naturalmente en París. Nunca acepté porque no veía estabilidad en las organizaciones que me iban a recibir y he de decir que siempre acerté: todas las veces, esas organizaciones, Telecom Profit Center con Thomson, Communications Product Development con Atlinks y Residential Phones Division con Alcatel, no llegaron a completar los doce meses de vida y las posibilidades de quedar en off-side (en la calle) ante una reorganización en París no siendo francés, creedme, son altas.

Pero esa simultaneidad de puestos, no ha sido gratuita, sino que me ha costado meses de sacrificios y estrés, con viajes casi semanales a París o Estrasburgo principalmente, con deficiencias en mi trabajo en ambos lados y, lo que peor llevaba, con directrices de mis jefes, el local y el internacional, no siempre coincidentes, si no en franca colisión.

Voy a terminar con una anécdota no mía sino de Miguel Ruiz al que he pedido permiso previo para hacerla pública en la red. Era el año 1991. Alcatel había empezado el proceso inexorable de centralización de la decisión de negocio en París y, naturalmente comenzó por absorber la responsabilidad de Marketing a las subsidiarias, entre ellas a CITESA, que había tomado cierto protagonismo por el liderazgo en teléfonos cordless. El caso es que Miguel Ruiz por Marketing y yo como técnico, teníamos que estar una semana sí y otra también en Francia. Yo me organizaba estando el lunes en Málaga hasta la tarde que tomaba un vuelo directo a París, donde aterrizaba, con suerte, a las diez de la noche. La rutina de la semana era siempre la misma: trabajo de martes a viernes en la oficina de Suresnes, y el viernes tras la comida temprana de los franceses, llamábamos un taxí para el aeropuerto Orly Sud que era la terminal de donde salían entonces los vuelos a España (y a todos los países árabes, por cierto). Una de esas semanas Miguel se había llevado a su mujer, Toñi, a París y cunado íbamos en le taxi camino del aeropuerto le pregunté a Miguel: “¿Toñi nos espera en el aeropuerto?”. Miguel se puso blanco; se dio una palmetada en la frente como el del anuncio de los Donuts y exclamó: “¡Coño, mi mujer!”. Siguiendo la rutina de todas las semanas se había olvidado que tenía que pasar a recogerla al hotel.

El siguiente problema vino con el taxista que no hubo forma de convencerle para que se desviara, ya que decía que el terminaba su jornada en Orly (lo de la “amabilidad” de los taxistas de París daría para otro artículo). A todo lo más que accedió fue a dejar a Miguel en una parada de taxis. Al final, pudieron coger el vuelo previsto conmigo y la cosa no pasó de ahí. Bueno, quizás sí. Miguel, con la falta de malicia que da la juventud, confesó a su mujer que “gracias a José Luis no te he dejado tirada en el hotel”. Franqueza a todas luces innecesaria y que me temo le costaría a Miguel una temporada “a pan y agua”.